viernes, 29 de mayo de 2026

RESUMEN DEL SIMPOSIO "EIDOLOSCOPIUM II: OBSERVATORI DEL TERROR - BOTANICAL HORROR"




De izquierda a derecha: Carlos Díaz Maroto, Marcos Bonet, Sergio Martín, Luis Pérez, Ignacio Nebot y Juan Ignacio Gomar.

El simposio Eidoloscopium II: Observatori del Terror, celebrado hoy en el Institut Interuniversitari López Piñero sito en el Palau Cerveró de València, estuvo dedicado, en esta edición, al estudio del llamado “horror botánico”, una corriente dentro de la cultura y la ficción de terror que sitúa a las plantas, hongos, bosques y otras formas de vida vegetal como protagonistas de relatos inquietantes. A través de una serie de ponencias interdisciplinarias, investigadores y especialistas analizaron cómo la vegetación ha sido representada como amenaza, metáfora política, fuerza ecológica o agente de transformación en la literatura, el cine y la cultura popular.


La jornada se inauguró con la intervención de Ignacio Nebot, Marcos Bonet y Sergio Martín, organizadores y responsables de la charla introductoria Eidoloscopium II. Su presentación sirvió para contextualizar el objetivo del encuentro y definir el concepto de horror botánico. Los ponentes explicaron cómo, frente a la visión tradicional de las plantas como elementos pasivos y decorativos, muchas obras de ficción las convierten en organismos activos, capaces de desafiar el dominio humano. Asimismo, destacaron la creciente relevancia de estas narrativas en una época marcada por la crisis ecológica y la reflexión sobre la relación entre humanidad y naturaleza.


 

A continuación, Santiago Lucendo presentó la ponencia Herborizar el terror: alzamiento vegetal desde Grandville a nuestros días. Su intervención realizó un recorrido histórico por las representaciones de plantas antropomórficas, rebeldes o amenazantes en la cultura visual y literaria. Partiendo de las ilustraciones satíricas de J. J. Grandville en el siglo XIX, Lucendo mostró cómo la idea de una vegetación que adquiere voluntad propia ha evolucionado hasta convertirse en un motivo recurrente del terror contemporáneo. El ponente analizó cómo estas imágenes expresan temores relacionados con la pérdida de control humano sobre la naturaleza y cuestionan la separación tradicional entre el mundo vegetal y el animal.


La investigadora Anna Tarragó centró su exposición en la película El incidente (The Happening, 2008), de M. Night Shyamalan, bajo el título Terror vegetal, amenaza natural. Tarragó examinó la carrera del director y comentó cómo el filme plantea una inversión de las narrativas habituales del desastre ecológico. En lugar de una amenaza externa o sobrenatural, la propia naturaleza responde a la agresión humana mediante mecanismos biológicos que desencadenan una crisis colectiva. La ponente defendió que la película puede interpretarse como una alegoría medioambiental donde la vegetación actúa como agente corrector frente a la explotación indiscriminada del entorno. Su análisis destacó además el carácter ambiguo de una naturaleza que deja de ser un simple escenario para convertirse en sujeto activo de la acción.



Tras la pausa, Marta García Carrión presentó Invasores vegetales del espacio exterior: ciencia-ficción, terror y política al cine entre los cincuenta y los setenta. Su ponencia exploró la presencia de organismos vegetales extraterrestres en el cine de ciencia ficción y terror de la Guerra Fría. A través de diversas películas de las décadas de 1950 a 1970, la investigadora mostró cómo estas criaturas simbolizaban temores sociales y políticos relacionados con la invasión, el control ideológico y la pérdida de identidad individual. García Carrión argumentó que los monstruos vegetales funcionaban como metáforas de los conflictos geopolíticos de la época, reflejando las ansiedades colectivas de un mundo dividido por tensiones ideológicas.

Cómo ejemplo, expuso el caso de dos películas que abordaban el tema: La invasión de los ladrones de cuerpos (Don Siegel, 1958): Rodada en blanco y negro, de serie B, con un tono paranoico de Guerra Fría y final abierto, pero en cambio, el remake titulado La invasión de los ultracuerpos (Philip Kaufman, 1974): Fue filmada a color, más sucia y urbana (San Francisco), con un tono cínico y desesperanzado que remata con el grito final de "¡eres uno de ellos!", sin salvación posible.


Posteriormente, José Ramón Bertomeu, expuso El fuego de San Antonio: una historia social y cultural del ergotismo. A diferencia de otras ponencias centradas en la ficción, Bertomeu abordó un fenómeno histórico real relacionado con los hongos. El ergotismo, provocado por el consumo de cereales contaminados por el cornezuelo del centeno, causó durante siglos epidemias caracterizadas por alucinaciones, convulsiones y graves trastornos físicos. El investigador explicó cómo esta enfermedad influyó en las creencias populares, el imaginario religioso y las interpretaciones sobrenaturales de ciertos episodios históricos. Su exposición puso de manifiesto la estrecha relación entre fenómenos biológicos y construcciones culturales del miedo.


La sesión de la tarde, comenzó con la intervención de Pau Pascual, que dedicó su charla a la obra cinematográfica de Jan Švankmajer, analizando la película Otesánek (El tronco insaciable). Esta producción, basada en un cuento popular centroeuropeo, narra la historia de un tronco de árbol que cobra vida y desarrolla un apetito monstruoso. Pascual examinó cómo Švankmajer combina elementos del folclore, el surrealismo y el horror para construir una reflexión sobre el deseo, la maternidad y el consumo. La figura del tronco viviente representa una alteración inquietante de los límites entre lo vegetal y lo humano, convirtiéndose en una poderosa metáfora de impulsos imposibles de controlar.

A continuación, Luis Pérez Ochando presentó Les espores de l’àngel: cinema i literatura de terror fúngic. Su ponencia se centró en el papel de los hongos dentro de la ficción de terror. Pérez Ochando explicó cómo los organismos fúngicos poseen características biológicas especialmente adecuadas para generar inquietud: crecen de manera oculta, se expanden mediante esporas invisibles y transforman los cuerpos que colonizan. A partir de ejemplos procedentes del cine y la literatura, el investigador mostró cómo los hongos han sido utilizados para representar contagios, mutaciones y procesos de descomposición física y social. Asimismo, destacó el auge reciente del terror fúngico en la cultura popular, impulsado por un mayor interés científico y mediático en estos organismos.


La última ponencia académica estuvo a cargo de Carlos Díaz Maroto, con Matango: el origen de la infección. Su exposición analizó la película japonesa Matango (1963), dirigida por Ishirō Honda. Considerada una obra fundamental del horror fúngico, la película relata la transformación progresiva de un grupo de náufragos tras consumir hongos misteriosos. Díaz Maroto comentó la vida y obra del escritor británico William Hope Hodgson (1877-1918), pues el argumento de la película, está basado en el cuento "The Voice in the Night" (1907) de Hodgson. Honda tomó la idea central de Hodgson —hongos mutantes que devoran/deforman a los humanos— y la adaptó al cine con estética kaiju y crítica nuclear.

También examinó tanto el contexto histórico de la obra como sus implicaciones simbólicas, destacando temas como la deshumanización, la degradación moral y el miedo a la contaminación. El ponente mostró cómo la película combina elementos de terror corporal, crítica social y ciencia ficción para construir una de las representaciones más influyentes del imaginario micológico en el cine.


Jorge Juan Adsuara, director de MUSEO FANTÁSTICO MAGAZINE junto al escritor y crítico cinematográfico Carlos Díaz Maroto.

En conjunto, el simposio evidenció la riqueza y diversidad del horror botánico en el cine como campo de estudio. Las distintas ponencias mostraron que las plantas y los hongos no solo funcionan como monstruos o amenazas dentro de la ficción, sino también como símbolos que permiten reflexionar sobre cuestiones ecológicas, políticas, históricas y culturales. Desde las epidemias reales asociadas al ergotismo hasta las visiones cinematográficas de vegetaciones rebeldes, invasiones extraterrestres y contagios fúngicos, el encuentro puso de relieve cómo el reino vegetal ha servido para expresar algunos de los miedos más profundos de la sociedad moderna. Así, Eidoloscopium II confirmó la vigencia del horror botánico como una herramienta privilegiada para analizar las complejas relaciones entre la humanidad y el mundo natural.

¡Hasta la próxima edición!